5 dic 2002

Al amor de la lumbre


 La mujer de Cro-Magnon y la chiquilla macilenta lo seguían a poca distancia, ambas llevaban en los ojos la mezcla cotidiana de hambre, ilusión y cautela que compartían con el cazador que acechaba al mamut.

El hombre había sido paciente y traía la esperanza de que su presa se acercara a los cazaderos del clan, pero llegó el crepúsculo y no hubo partida alguna que llegara en su apoyo, así que decidió proceder en solitario. Conocía la técnica, al menos en teoría: jalar de la cola al animal y traspasarle la yugular cuando se volviera y cargara hacia él.

El resultado fue otro, el animal montó en cólera, atrapó a su enemigo con la trompa y lo aplastó contra el suelo.

En el aniversario de la tragedia, madre e hija cuentan la historia de Cro-Magnon y —como cada año— el valle retumba con el estruendo de las carcajadas y el frenético golpetear de las tibias contra los cráneos.

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